La ama de casa
Hola a todas, me encantan los relatos que leo en todorelatos y he decidido escribir algo muy excitante que en estos momentos pasa por mi mente.
Todo empezó cuando yo me casé. Ella es una chica muy guapa. Se llama Lorena y es la niña más guapa de toda España. La conocí en la facultad de medicina y pronto nos dimos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro. En Zaragoza empezó nuestra relación y cuando terminamos nuestras carreras nos mudamos a Madrid. ¿Por qué Madrid? Ella había encontrado trabajo allí y para mi iba a ser más fácil encontrar algo allí que en otro lugar de España. Pasaron los meses y ella seguía con su trabajo mientras yo me desesperaba, vivíamos juntos en un pequeño piso que ella tenía que pagar pues a mí no me salía ningún trabajo que me agradase para poder aportar mi parte de renta. Me empezaba a sentir ya algo inútil, alguien incapaz de tener trabajo y que era mantenido con el esfuerzo de su esposa. Eso me empezaba a parecer denigrante. Yo estaba todo el día en casa mientras mi mujer trabajaba para los dos.
Un día mi chica volvió a casa antes de lo normal por culpa de una indigestión que tuvo a la hora de comer y se llevó una grandísima sorpresa. Cuando entró en casa escuchó los tacones de otra mujer que corrían por el pasillo para no ser descubierta. Ella se imaginó lo peor, que yo estaba engañándola con otra mujer en nuestra propia casa. Pero su imaginación se quedó corta cuando abrió la puerta de nuestra habitación y vio a la mujer que ella pensaba le estaba poniendo los cuernos. Aquella mujer era yo. Sí, os preguntareis el porqué, al igual que Lorena se preguntó porqué yo estaba en casa con su ropa puesta intentando esconderme para que no me descubriese, pero que fue imposible. Ella entró en la habitación, me miró de arriba abajo y se quedó allí sin decir nada, mirándome con cara de asombro y a la vez de lástima. Yo estaba nerviosísimo y no sabía que decir, no tenía ninguna escusa para aquella situación y decidí contarle la verdad. Le dije que tanto tiempo sin trabajo me hacía sentir inútil, me dolía el hecho de vivir de su esfuerzo y en mí día a día como amo de casa había empezado a confundir mi identidad. Yo, de niño, siempre había deseado poder vestirme alguna vez como mi hermanita y me preguntaba quién dijo una vez como debían ir vestidas las mujeres y como los hombres. ¿Por qué no podemos vestir tanto hombres como mujeres como nos plazca? Esa pregunta estuvo rondando mi cabeza muchos años mientras yo sentía envidia de mi hermana. Cuando comenzó mi relación con Lorena pensé que esa estúpida pregunta no volvería a pasar por mi mente, pero el hecho de estar todo el día en casa solo y aburrido hizo que aquella pregunta volviese a pasearse por mi cabeza. Mi educación machista me decía que las labores de casa las debía hacer la mujer y el marido se encargaba de trabajar fuera del hogar y traer dinero para comer. Mi situación, mi educación y aquella pregunta que me rondaba la cabeza y me estaba volviendo loco empezaron a transformar mi forma de ver la vida. Empecé a creerme la mujer de la casa y que mi función en la vida era la de atender a mi hombre que era quien traía el dinero a casa. Poco a poco mi nuevo rol se iba formando y un día decidí empezar a usar ropa de Lorena para sentirlo más. Cada vez que Lorena se iba al trabajo yo me vestía con su ropa para adaptarme a mi nueva forma de ver mi vida. Sé que la sociedad está cambiando y el trabajo en casa cada vez está más compartido. La mujer ya no tiene porque ser la que limpie y cocine, el hombre también puede hacerlo pero aunque todo eso esté muy bien visto hay que admitir que los chicos de mi generación nos hemos criado en un ambiente muy machista respecto al tema de las labores del hogar. No sé si fue mi educación o que en realidad siempre he querido ponerme la ropa de mi hermana la que hizo que Lorena me encontrara aquella tarde así vestido.

