Aguantando las embestidas de su transexual favorita
Todo comenzó en los Chat. Yo no estaba seguro de mi sexualidad. Me gustaban las mujeres y había tenido alguna experiencia con alguna, pero no me sentía satisfecho. Siempre me había llamado la atención el rol femenino en el sexo, y aunque no me gustaban los hombres siempre me imaginaba como sería estar con uno de ellos en el papel de mujercita. Estos pensamientos me asaltaron desde muy joven, pero nunca me atrevía a ponerlos en práctica. Hasta que empecé a entrar en chats de travestis… Me describiré un poco. Moreno de ojos claros, delgado y hasta hace poco velludo (lo cual era un problema en este mundillo) ya que a los hombres les gustan depiladas.
Al principio no lograba contactar con nadie que me interesara. Yo buscaba alguien muy especial que comprendiera mis miedos y me ayudase en todo a dar ese paso. Pasó mucho tiempo entre charlas y charlas hasta que un día me abrió un privado un hombre maduro al que llamaré “Frank”. Para entonces yo había decidido afeitarme el cuerpo, pero el efecto duraba poco. Con Frank todo empezó bien desde el principio. Era la persona que yo había soñado siempre. Era maduro, bien dotado, con sitio, morboso y comprensivo, en fin, todo lo que podía desear…
No era tan joven cuando, por un problema circunstancial, debí recurrir a un masajista durante una corta estancia en Mendoza. No conociendo a nadie para solucionar un dolor en una pierna, producto de una torcedura, busqué en un diario local y encontré el aviso de este profesional, al que llame de inmediato y acordé una cita para la tarde. Al llegar al consultorio, la persona, de edad mediana y algo gordito, me recibió, y lo primero que me dijo y que me llamó la atención fue: “¡Hola, ¿qué tal?… Andá sacándote la ropita!”. Yo había tenido escarceos con otros chicos, siendo adolescente, pero no estaba pasando por un momento de necesidad a nivel sexual ni nada de eso; por mi cabeza no pasaba ningún pensamiento libidinoso.
El comenzó su tarea acostándome sobre una camilla de su consultorio y me puso una lámpara para dar calor a la zona afectada. Comenzó a poner crema para iniciar un lento masaje por todo el cuerpo, desde la cabeza y los hombros; estando acostado de espaldas, sentí como lentamente me relajaba, hasta quedarme casi dormido mientras lo hacía.
Hola Amigos: me siento muy feliz de poder contarles una parte de la historia de mi vida, quiero comentarles que soy un travesti de closet y que por muchos años lo he practicado (desde mi infancia)
Por mucho tiempo me he vestido de mujer en la intimidad, siempre buscando la manera de verme lo más femenina posible,
me gusta mucho como me veo con una faldita roja y una blusa negra que yo misma he hecho, siempre busco la manera de maquillarme lo mejor que puedo actualmente cuento con una peluca que me llega por debajo de los hombros es de color negro y rizada, mis zapatos de tacón alto y mis medias de color natural soy totalmente lampiña y el poco bello que tengo me lo rasuro muy bien.