Con 19 años recién cumplidos mis padres me enviaron a estudiar fuera de mi ciudad, a una de las mejores universidades que pudieron pagar. Me alquilaron un piso para evitar las distracciones que conlleva compartir piso y comenzó mi vida de estudiante.
Nunca me consideré homosexual, pero mi timidez y el considerarme escaso de atractivo me hacían ser un chico retraído y temeroso que con 19 años ni siquiera había besado a una mujer.
En la universidad no me fue mucho mejor. Recluido en mis estudios que si bien no me entusiasmaban, tampoco me molestaban. Simplemente me dedicaba a ser el mismo chico obediente de siempre. Y mi timidez me complicaba el hacer amigos nuevos. Tan sólo me saludaba con las dos chicas que compartían asiento conmigo y poco más.
Entre mis clases, destacaba la que impartía un profesor joven, de unos 30 años, guapo y con buen tipo, con una cabellera rubia recogida en una cola de caballo. Las chicas por sus risas y tonteos parecían estar bastante interesadas en él. Y la verdad es que era muy simpático y muy distinto al reto de profesores.
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Relatos | 24.02.2010 5:30 | Sin comentarios
Fotos | 23.02.2010 5:01 | Sin comentarios
Videos | 21.02.2010 5:47 | Sin comentarios
Como ya había contando, a pesar de los inmensos deseos que me embargaban, apenas comencé a vestirme recién cuando cumplí once años. Recuerdo que estando sola en casa, por primera vez en mi vida tomé del closet de una tía un sostén blanco de encajes y unas pantaletas del mismo color que me puse con mucha dificultad, simplemente, porque no sabía ni cómo ajustar los tirantes (breteles) así como tampoco abrochar el sostén, mientras que me costó mucho ajustar mi pene entre las piernas. No obstante, que este siempre ha sido muy pequeño y que mis erecciones (cuando las tenía) eran muy cortas, ese día estaba no sé si excitada o nerviosa por mi debut.
Poco a poco comencé a superar los obstáculos derivados de mi novatería y fui agregando otras prendas, primero, íntimas como medias, ligueros y fondo (enagua), luego incorporé vestidos, faldas, blusas, algún que otro accesorio como pulseras y zarcillos (aretes o caravanas), hasta que me atreví a maquillarme. Esa experiencia la vivía cada vez que me quedaba sola en la casa, en especial, los jueves de tarde, que lo dejaban libre en el colegio donde asistía. Lo que sí es que en esas tardes sentía una gran seguridad en mi misma, el nerviosismo original iba desapareciendo progresivamente y con él las erecciones que cada vez se iban haciendo más débiles, mientras que las excitaciones comenzaron a manifestarse a través de una especie de cosquilleo focalizado en la zona de mis genitales.
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Relatos | 20.02.2010 5:28 | Sin comentarios
Fotos | 19.02.2010 4:52 | Sin comentarios
Videos | 17.02.2010 5:46 | Sin comentarios
Acaso me fue difícil vivir solo las primeras semanas. El conjunto enorme de rutinas se fueron desvaneciendo a medida que organizaba mi nueva vida en soledad. De todas las cosas que podría hacer, vino a mi mente una intención que llevaba años almacenada, oculta a la vista por ese montón de actividades que conforman la vida diaria, añejándose como esos vinos tan finos que nunca bebes porque cada año son mejores.
De entrada vacilé y me planteé variadas dificultades e inconvenientes; pero un día mientras conducía de regreso de la oficina, el asunto dejó de parecerme tan complicado y decidí llevar mi plan a la práctica el mismo viernes de esa semana. Así que hice ejercicio, compré una botella de vino tinto, y el día designado me evadí de la borrachera quincenal, pretextando la visita de unos familiares que venían de otra parte de la república.
Llegué temprano a casa y me bañé parsimoniosamente. Una vez que el ocaso se consumó, saqué una maleta del cuarto de servicio y, ahora de sí de manera apresurada, extendí su contenido sobre la cama. Llevaba mucho tiempo sin poder ver con calma lo que había en su interior. A pesar de que tenía bien claro lo que iba a usar me puse a mirar la ropa, como si fuera a cambiar mi selección. Tomé la minifalda negra de likra, una blusa del mismo color y ropa interior blanca; también unas medias negras y un liguero blanco que no me convenció mucho porque resaltaba bajo la minifalda. Peiné la peluca de cabello castaño antes de ponérmela y me senté frente al tocador para maquillarme con ese tiempo que acababa de encontrar. Yo creó que ocupé más de una hora, hasta que estuve a gusto con mi apariencia. Entonces empecé a caminar encima de unas zapatillas con tacón de diez centímetros por toda la casa, descorché la botella de vino, y me serví una copa.
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Relatos | 16.02.2010 5:26 | 1 Comentario
Fotos | 15.02.2010 4:49 | Sin comentarios
Videos | 13.02.2010 5:44 | 1 Comentario
Nunca pensé que tendría mi primera vez con un hombre y mucho menos vestido de mujer, pero como dice la canción sorpresas te da la vida.
Desde muy pequeño fui aficionado a la observación de la naturaleza, por ese entonces vivía en lo que era un pueblo integrado en ella, con mis primeros ahorros compré unos pequeños prismáticos, con los que pasaba las horas libres que me permitían mis primeros estudios, todo ello terminó por condicionar mi vida, primero en cuanto a lo profesional (terminé dedicado a la enseñanza como profesor de biología) y segundo en el campo del ocio, al terminar por convertirme en un auténtico mirón, prismático en mano observaba todo lo que ocurría a mi alrededor.
Hace un par de años, estando en mi apartamento y durante una de mis innumerables rondas de vigilancia de costumbre, descubrí, en el edificio de la acera de enfrente, una pareja de chicos follando, el que recibía se encontraba tendido en la mesa del recibidor con los talones apoyados en los hombros del que daba, el cual se encontraba de pie, pese a que tenían la cortina echada (era de tela semitransparente) esto no era impedimento para observar perfectamente la escena, al existir una distancia insignificante a través de los prismáticos, era como si viera una película pero sin sonido, tras un roto de mete saca terminaros los dos corriéndose, el que hacía de pasivo mediante la masturbación y el activo en el culo del anterior, pues llegó el momento en que paró el clásico bombeo de caderas y se reclinó sobre el pecho del otro.
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Relatos | 12.02.2010 5:23 | Sin comentarios