Archivo de la categoría ‘Relatos’


El Vestido

No era la primer vez que decidía caminar por Calzada de Tlalpan, por las noches cuando viajo por aquella línea…

Al ingresar el boleto a la maquina mi vida cambia, olvido a los que me conocen para que ellos se olviden de mi, la ciudad no me nota, miro el suelo sucio del vagón, levanto la mirada y en el cristal se reflejan los rostros cansados de ellos que no me observan. No era la primer vez que decidía caminar por Calzada de Tlalpan, por las noches cuando viajo por aquella línea, surge ese antojo, el gusano mecánico emerge de la tierra a la altura de San Antonio Abad con dirección a Taxqueña, me pego al vidrio para ver aquellos cuerpos de siluetas inevitablemente provocadoras, para mi ángeles terrenales, la luz del insecto las alumbra a distancia.

De un tiempo a la fecha, se manifiesta aún más la necesidad de caminar y poder percibir de cerca aquellos cuerpos sensuales con vestimentas sexuales, disfrutar del contacto visual que te invita al acercamiento, percibir el aroma de su perfume, todo esto en conjunto incita al pecado. Como siempre voy con poco dinero, solo quedan algunas monedas en mi bolsillo, las ultimas de mi semana, pero espero correr con suerte, mi aspecto juvenil y agraciado, me ha rendido buenos frutos en esos desniveles y calles de esa gran avenida, claro no siempre, a veces tengo que llegar a casa y masturbarme solo con el recuerdo o lidiar con la frustración, pero esta vez no será así, espero.

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Como nació Tamara

Mi historia empezó ya muchos años atrás, cuando una noche le pedí a mi ex- esposa que se vistiera sexy como a mi me gustaba. Tenía yo en aquella época 24 años, y mi esposa 23. no hacía más de un año que nos habíamos casado. Esa noche no teníamos planes de salir, sólo cenar en casa, pero quería que vistiera provocativa porque tenía muchas ganas de que la cena termine en una noche lujuriosa. Al otro día no teníamos que trabajar, así que era la oportunidad ideal.

Ella me respondió que esa noche quería algo distinto, y me propuso que yo me vistiera sexy para variar. Ingenuamente le pregunté que quería que me pusiese, y ella dijo que lo dejara por su cuenta, que ella iba a elegir la ropa. Y allá se fue contenta, camino a nuestra habitación, mientras yo esperaba tranquilamente en el comedor.

Estaba tratando de imaginar que me pediría; una camisa ajustada para lucir mis músculos, un buen traje, alguna ropa interior especial. Vale decir que en aquella época, hacía mucho deporte y estaba en buen estado físico, cosa que imaginaba que a mi esposa le gustaría disfrutar. Estaba divagando con esos pensamientos, cuando ella apareció muy contenta con una bolsa y me la dio.

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El Vestuario de la piscina y una mujer fatal

La verdad es que no sabemos nunca lo que nos puede ocurrir en la vida, pensamos que todos los días al levantarnos son exactamente el mismo, pero un día te ocurre algo que no esperas, y son precisamente esos días los que merecen la pena vivirlos.

Antes de comenzar a relataros lo que me ocurrió un día cuando yo era más joven me gustaría que pensarais si sois muy jóvenes la de oportunidades que dejáis escapar por culpa del miedo, la incertidumbre o el que dirán, y para los que sois más mayores cuantas veces habréis pensado que si hubierais tomado esa decisión que una vez tuviste la oportunidad de coger y la dejaste escapar por culpa de muchas cosas y que en verdad ahora la veis insignificante. Pues una vez a mí una gran persona me dio un consejo, me dijo una frase que todavía hoy recuerdo, decía algo como… “da igual en la situación en la que te encuentres, si es buena o mala, solo intenta que todas las situaciones que te pasen en la vida sean buenas, si es una situación buena disfrútala al tope, y si es mala sácale la positividad al asusto y veras como algo aprendes de ella y se convertirá en una situación buena” y eso es lo que siempre hago cuando tengo una duda, sopesar la situación y convertirla.

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La venganza

Una tarde de jueves estaba aburrido en casa sin planes para el largo fin de semana que tenía por delante. Mi novia estaba de viaje visitando a su familia. Así que sin mayores planes y con mucho tiempo libre, me puse a jugar en el computador. Como siempre jugué a mis juegos favoritos, carreras de autos y luego a Call of Duty a matar soldaditos.

Al cabo de un par de horas, me aburrí y empecé a navegar sin rumbos por internet. Como siempre, controlé mis correos, Facebook y una que otra página de fotos de chicas desnudas. Me aburrí en pocos minutos, siempre lo mismo. Seguí navegando en internet y me tropecé con una página donde había cientos de distintos tipos de fotos porno. Al cabo de unos minutos, puse a chatear en una página que entraba hace algún tiempo, pero haciéndome pasar por una chica, más precisamente usando el nombre de mi novia. Me conecté para divertirme un rato y comencé a chatear. Como siempre, los chats se basan en lo mismo, gente que busca gente para sexo. Entre los contactos, tengo un par de ex amantes de ella y algunas amistades. Me gustaba hablar con los ex amantes para hacerlos calentar con reencuentros imposibles en situaciones aún más insólitas. Ocasionalmente, alguna amistad me enviaba algún mensaje que trataba siempre de responder de manera neutra sin mayores detalles para no causar problemas.

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Haciéndote el amor…con el poder de tu mente

-¡Disfruta! Has tenido mucho de mí. Sé que sobrepasé tus expectativas. Sé que estás embelesado por la ropa que decidí usar para esta ocasión. Te he estado modelando ya un buen rato. Mientras camino delante de tí me vienen a la mente todas las poses que harán que mis piernas y, sobre todo, mi trasero resalten para tí. Has tomado casi un centenar de fotos que por supuesto compartiré contigo; casi una decena de videos son los que has tomado con tu celular…sí igual quiero que me los compartas.-
-Sé que te encanta ver como me pongo de espaldas a tí; levanto mis brazos y los recargo en la puerta, volteo y te miro, tú me observas sentado en la silla, estás acariciando tu entrepierna. Sigo en la misma postura pero ahora cruzo mis piernas y con una de mis manos levanto un lado de la minifalda; vuelvo a mirarte y sonrió guiñándote un ojo, tú muestras aprobación enviándome un beso al aire.-
-Ahora camino hacia el sillón. ¡Sí, adivinaste!, es lo que voy a hacer para agradarte aún más, quiero que tu deseo por mí se vuelva incontrolable. Cuando llego a él me detengo, me agacho un poco, sé que observas todo mi atuendo. Ves? Las medias de red blancas lucen bien en mis torneadas piernas. No, no llevo liguero, no lo necesito, el elástico de las medias impiden que éstas se muevan de su lugar. Uy! Estoy segura que ya alcanzas a ver la tanga. Lo sé, te gusta ver cómo está metida entre mis nalgas. Sí, es blanca, hace juego con las medias. ¿En serio? Qué bueno que también te gusten mis senos; sí, me puse un brassier blanco y ya ves, la blusa me entalla bien.-

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