Archivo de la categoría ‘Relatos’


La graduación

Mi nombre es Rodrigo Lazcano Alonso soy licenciado en contabilidad publica tengo 4 años de casado con una mujer increíble, pero tengo una historia encantadora que espero les guste.

Todo se remonta al último año de la carrera, yo era uno más quiero decir que no era ni el más popular pero tampoco un inadaptado social, siempre me han gustado las mujeres pero también debo decir que sentía una gran excitación por la ropa de mujer y una de mis mas profundas fantasías era sentirme mujer por una vez. Esto nadie lo sabia, tan solo yo y mi “mejor amigo” Raúl a quien cometí el error (o acierto) de contárselo en una borrachera.

Total que el fin de curso se acercaba y la graduación también. Yo no tenia muchas ganas de ir porque siempre pensé que era algo ridículo una fiesta por acabar la carrera. Un día platicando con un grupo de amigos, entre ellos Raúl comentaron que en la graduación podías hacer cualquier cosa porque era la última vez que ibas a ver a mucha gente. Esto al principio se me hizo de lo menos importante pero Raúl empezó a decir todo lo que se imaginaba que podías hacer, pero lo más fuerte fue cuando dijo, -como si vas vestido de mujer total muchos ni te reconocerían-, esto me cayo como cubetada de agua helada en ese momento, me atragante la cerveza que me estaba tomando pero no le di la mayor importancia.

Al llegar a mi casa (vivía solo porque era de provincia) decidí meterme a Internet, tenía una especie de adicción por los relatos de transexuales, los videos de cambio de sexo y las tg caps, por lo que es lógico estaba inscrito a varias paginas de este estilo y constantemente recibía mails; pero ese día paso algo especial, por decirlo de alguna manera, había un mail que mencionaba algo sobre la experiencia de ser la mujer que tu quisieras por un día, todo en el anonimato y para asistir a cualquier evento, al leerlo volvió a mi mente la idea de Raúl asustado apague la computadora y me fui a hacer otra cosa pero la idea seguía ahí dando y dando vueltas.

Al día siguiente en la universidad en un descanso y mientras echábamos un cigarro volvió el mismo tema y Raúl volvió a decir lo mismo de vestirse de mujer y volví a ahogarme con la bocanada de humo, estuve todo el día dándole vueltas pensando “ total es la última vez que ves a muchos, te regresas a tu pueblo, hazlo hazlo ,hazlo…”.

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Diario de Cocó (3) El problema

Aeropuerto de Orly. El avión levanta el morro de la pista. Cierro los ojos sintiendo mi espalda pegándose al respaldo e intento poner en práctica todas las técnicas conocidas para conjurar el pánico. Sé que sólo el coma inducido puede ayudarme realmente, y la relajación postural y el yoga sólo me funcionan con la postura del loto, pero lo descarto ante la inconveniencia de hincarles las rodillas a mis compañeros de viaje. Poco a poco, la nave recupera la horizontalidad y aparecen los carritos con refrescos.

-Juice? -pregunta la azafata e insiste como si no la hubiese entendido:- Sumó de naranhá?

-Sí, gracias -contesto-. Me irá bien desatascarme el Valium. Lo llevo pegado en el frenillo de la lengua desde que levantamos el culo de la pista.

La chica, indiferente a mis explicaciones, me ofrece el vaso y yo le doy un ávido lingotazo. Ya vacío, lo extiendo de nuevo implorándole un poco más y advierto en su mirada que he pasado esa frontera que los usuarios de clase turista no deberíamos cruzar, pero, vencida su arrogancia francesa con mi carita de perro sediento, me lo llena otra vez y confirma aquello que la sabiduría popular predica acertadamente: «Quien no llora no mama»

Mi tí@ Cocó no se merecía ese acto de pánico egoísta. Los recuerdos de su paso por París descansan en la bodega del avión, y la ciudad, indiferente a su pérdida, desaparece bajo el mar de nubes. Como siempre, me tranquilizo cuando rozamos la estratosfera y saco uno de sus diarios para examinarlo. Paso las páginas temiendo romper la delicada trama de papel envejecido que aún retiene el alma de Cocó:

28 de agosto de 1944

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Diario de Cocó (2) Ensartada en la estación

Tras el funeral de mi tía abuela Cocó, volví un par de veces a su apartamento. Debía decidir que hacer con sus efectos personales antes de que venciera el alquiler del mes corriente. Mme Clodette (97 años), su vecina y amiga, estuvo encantada de quedarse con algunos de sus vestidos y sombreros, y se los probó allí mismo, contorneándose frente al espejo del armario con ese descaro ingenuo que da la senilidad, parecido al que muestran los niños. Incluso se atrevió con los zapatos de tacón, ejemplares de auténtico vértigo. Temí por su integridad y, para ahorrarme un disgusto, la mandé a su casa con el botín y un lote de bolsos y bisutería de los 40′s y 50′s tan vintage y excéntrica que hubiese puesto los dientes largos a la mismísima Gaga.

Los muebles y el resto de los enseres se los vendí a Gastón Dommage, un brocantier del marché aux puces. Había encontrado el diario de mi tía abuela fortuitamente tras un cuadro, pero tenía el pálpito de que ese no era el único cuaderno; por eso, cuando tuve el apartamento vacío, reinicié la búsqueda entre los elementos fijos que quedaban: armarios de cocina, la despensa y una vieja carbonera fuera de uso. Sólo encontré un cúmulo importante de comida caducada -latas de carne argentina de la época de Perón, paquetes de arroz o pastillas de caldo, etc.- en los sitios más inaccesibles; nada anormal en una persona de su edad que vivió épocas de carestía y se dedicó al estraperlo.

Sentía rabia e impotencia y cada vez estaba más obsesionado, hasta que recordé esa frase leída en su diario: “Escondo la libreta entre las tablas del parqué y espero que sea suficiente, pero no me engaño: nunca lo es”. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Probablemente hubiese adquirido esa costumbre y hubiese mantenido el hábito cuando ya no había peligro.

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Mi primera vez con TS

La verdad es que nunca me habían llamado la atención ni los hombres ni los transexuales. Pero tal vez fuera porque los pocos con los que me había cruzado en mi vida eran excesiva y obviamente masculinos. Más travestis que transexuales.

Recuerdo la primera vez que me fijé en uno y me llamó la atención. Tal vez porque estuve a punto de atropellarla. Llevaba en mi auto a una chica de vuelta a su casa, y tenía que atravesar una zona del centro donde había oído hablar que había mucha prostitución. Al doblar una esquina del centro tuve que frenar de golpe para no llevarme a alguien por delante.

Resulta que se estaban peleando dos personas. A la que huía ni la recuerdo, tal vez por que la que se apoyaba en mi coche con los ojos como platos tenía unas grandes tetas completamente al aire y solo tenía ojos para ella. Tardé unos instantes en ver que también calzaba un miembro considerable. No se si es que iba así siempre para atraer clientes, o si, con el follón, se le había bajado el top y subido la falda.

No pasó nada aquella noche, acompañé a la chica a su casa, y poco más. Pero desde entonces me quedé obsesionado con aquella “chica” de enormes pechos con polla. Joder que tetas. Y joder que polla. Mi cabeza estaba echa un lío monumental.

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Inesperado!

Después de mi primera vez, ya sólo pensaba en repetir, a ser posible sin pagar! pero era difícil….. Empecé a mover por ambientes diferentes a los que solía ir, me iba a otras ciudades, casi siempre por no decir siempre solo! Se me hacía raro, soy un chico, dicen que atractivo, jamás me hubiera imaginado saliendo sólo por ahí, como un loco! buscando una transex con la que poder tener una relacción de cualquier tipo. Me había marcado tener aquel pollón metido en el culo y el calor de su corrida deslizándose por él.

Cuándo menos lo esperaba, en la ciudad que quizás menos me hubiera imaginado me topé con mi “segunda vez”, había entrado en uno de los bares de moda de esa ciudad, prefiero no nombrarla, el caso es que pedí una copa y me quedé en la barra, no soy de los que miran ó buscan descaradamente como un desesperado, había visto en algún foro que en ese bar había “ambiente”y solían visitarlo transex, estuve como media hora en la barra, me sentía perdido por momentos! me preguntaba que hacía en mitad de tanta gente solo! De repente, me entraron ganas de ir al baño, tenía que pasar por todo el bar y luego bajar unas escaleras, que por cierto estaban llenas de gente con cara de vicio! Al entrar al baño ví una “chica” sospechosa que se quedó mirándome, estaba esperando en la cola en el baño de mujeres, la miré y entré. En ese momento, no sé porqué, tuve ganas de acabar cuanto antes y salir para ver si estaba, así fue, meé todo lo rápido que pude y salí, allí seguía, ahora con dos amigas mas, la volví a ver mirarme y me quedé clavado en sus ojos, como no tenía nada que perder la llamé con la mano. Inesperadamente ella, pasando entre sus dos amigas, se acercó a mí… estaba a sólo unos pasos pero su acercamiento fue de pasarela. Cuando la tuve enfrente la pregunté como se llamaba, Alexia me dijo, nos dimos dos besos y sin pensarlo la quise invitar a una copa, me dijo que si era capaz de esperarla a la puerta del baño se venía conmigo, ( cómo podía dudarlo!) ahí estuve, porque justo cuando se dió la vuelta entró y en un par de minutos me cogió del brazo y me dijo, vamos?

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