Archivo de la categoria 'Relatos'

Con un amigo doctor

Relato de una historia de Karen la doctora:

Fernando es un amigo que conocí en el hospital donde trabajo y casi de mi edad 40 años aproximadamente, lo conocí a la salida del hospital donde tengo mi consultorio y en algunas ocasiones nos pusimos a platicar y al parecer teníamos gustos afines por lo que me agrado desde ese momento, el es medico en consulta externa y yo, medico cirujano por lo que solo en esas ocasiones nos habíamos encontrado. El no conocía mi preferencia sexual por lo que su interés en mi era puramente profesional. Pero a mi me fue gustando cada vez mas, era inteligente, guapo luego indagué que el era separado y que vivía solo, su esposa se separo de el y se fue a vivir a otra población desde hace 6 meses y tampoco de ninguna conquista por lo que mas me interesó, no había tenido la oportunidad de conquistarlo y no sabia como llegar a el. Pero en una ocasión tuvimos que presentar un caso juntos ante la dirección medica, el lo había atendido en consulta externa y yo en cirugía entonces lo cité en mi casa para poder armar el caso clínico y lo hicimos rápido por lo tuvimos tiempo de sobra para charlar sobre nuestras aficiones y debilidades, me platicó que se sentía solo y abandonado y porque su mujer lo había engañado con otro y que no quería buscar otra mujer porque todavía estaba enamorado de ella . Así seguimos charlando por horas y nos hicimos buenos amigos, que quedamos de vernos en un día de descanso para ir a jugar boliche.

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Relatos | 9.03.2010 17:18 | Sin Comentarios

Mi peluquero travesti me cortó en dos

Fui a que me corten el cabello y me cortaron en dos.
Había viajado a otra ciudad a radicar ahí por trabajo. Luego de un mes de estancia había llegado la hora de cortarme el cabello. Averigüé por donde podría encontrar dicho servicio y me encaminé en mi moto a la desconocida zona.

Era un área cerca del mercado, sin pista, la tierra del suelo seca y con malos olores diversos. Ví varias peluquerías juntas, pero todas de travestis, y como no quería problemas con que a alguno se le cayera el peine (te sueltan el peine en tus piernas y mientras lo buscan te tocan el paquete de lo lindo), seguí de frente hasta que vi a una señora de vestido floreado, de espaldas a mí, terminando el peinado de una señora joven y guapa. Cuando entré me crucé en la puerta estrecha aunque de doble hoja con ella y me guiñó un ojo y sonrió, al tiempo que cuando pasó me rozó con sus senos mi pecho, a lo que respondí con una sonrisa y mi falo comenzó a golpear contra mi bragueta.

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Relatos | 5.03.2010 17:15 | Sin Comentarios

Las historias de Reyes (01: El comienzo)

Mi nombre es Reyes S. F., sin verme no sabrían si soy hombre o mujer, es natural pues tengo uno de esos nombres raros que tanto valen para mujeres como para hombres. Y naturalmente tengo muchas anécdotas de esta ambigüedad.

Pero aunque me vieran, tampoco podrían saberlo, pues aunque nací y me conservo varón, desde hace mucho tiempo me gusta vestirme de mujer y además poseo un físico tan ambiguo como mi nombre.

Todo empezó en el edificio donde viví con mis padres, ellos se llevaban muy bien con los padres de mi amiga Marga, con la que iba al colegio desde siempre, y con la que pasaba mucho tiempo jugando. Un día, tendría 9 ó 10 añitos, estábamos jugando en su cuarto y me propuso vestirme con su ropa, yo acepté y allí que me puso un vestidito y unos zapatos suyos, me peinó y. al mirarnos en el espejo, éramos dos niñas encantadoras.

Ni cortas ni perezosas, nos fuimos a la calle a jugar, y estuvimos largo rato en el parque con los columpios y jugando como dos niñas. Al volver me esperaba mi madre para recogerme y ella y la madre de Marga se rieron mucho de la chiquillada, aunque luego en casa me echo una pequeña bronca, a raíz de la cual, tomé precauciones para que no me viera pero seguí vistiéndome en casa de Marga, y saliendo a escondidas.

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Relatos | 28.02.2010 5:32 | Sin Comentarios

Mi profesor

Con 19 años recién cumplidos mis padres me enviaron a estudiar fuera de mi ciudad, a una de las mejores universidades que pudieron pagar. Me alquilaron un piso para evitar las distracciones que conlleva compartir piso y comenzó mi vida de estudiante.

Nunca me consideré homosexual, pero mi timidez y el considerarme escaso de atractivo me hacían ser un chico retraído y temeroso que con 19 años ni siquiera había besado a una mujer.

En la universidad no me fue mucho mejor. Recluido en mis estudios que si bien no me entusiasmaban, tampoco me molestaban. Simplemente me dedicaba a ser el mismo chico obediente de siempre. Y mi timidez me complicaba el hacer amigos nuevos. Tan sólo me saludaba con las dos chicas que compartían asiento conmigo y poco más.

Entre mis clases, destacaba la que impartía un profesor joven, de unos 30 años, guapo y con buen tipo, con una cabellera rubia recogida en una cola de caballo. Las chicas por sus risas y tonteos parecían estar bastante interesadas en él. Y la verdad es que era muy simpático y muy distinto al reto de profesores.

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Relatos | 24.02.2010 5:30 | Sin Comentarios

Mi primer novio

Como ya había contando, a pesar de los inmensos deseos que me embargaban, apenas comencé a vestirme recién cuando cumplí once años. Recuerdo que estando sola en casa, por primera vez en mi vida tomé del closet de una tía un sostén blanco de encajes y unas pantaletas del mismo color que me puse con mucha dificultad, simplemente, porque no sabía ni cómo ajustar los tirantes (breteles) así como tampoco abrochar el sostén, mientras que me costó mucho ajustar mi pene entre las piernas. No obstante, que este siempre ha sido muy pequeño y que mis erecciones (cuando las tenía) eran muy cortas, ese día estaba no sé si excitada o nerviosa por mi debut.

Poco a poco comencé a superar los obstáculos derivados de mi novatería y fui agregando otras prendas, primero, íntimas como medias, ligueros y fondo (enagua), luego incorporé vestidos, faldas, blusas, algún que otro accesorio como pulseras y zarcillos (aretes o caravanas), hasta que me atreví a maquillarme. Esa experiencia la vivía cada vez que me quedaba sola en la casa, en especial, los jueves de tarde, que lo dejaban libre en el colegio donde asistía. Lo que sí es que en esas tardes sentía una gran seguridad en mi misma, el nerviosismo original iba desapareciendo progresivamente y con él las erecciones que cada vez se iban haciendo más débiles, mientras que las excitaciones comenzaron a manifestarse a través de una especie de cosquilleo focalizado en la zona de mis genitales.

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Relatos | 20.02.2010 5:28 | Sin Comentarios

Mejor amigo

Acaso me fue difícil vivir solo las primeras semanas. El conjunto enorme de rutinas se fueron desvaneciendo a medida que organizaba mi nueva vida en soledad. De todas las cosas que podría hacer, vino a mi mente una intención que llevaba años almacenada, oculta a la vista por ese montón de actividades que conforman la vida diaria, añejándose como esos vinos tan finos que nunca bebes porque cada año son mejores.

De entrada vacilé y me planteé variadas dificultades e inconvenientes; pero un día mientras conducía de regreso de la oficina, el asunto dejó de parecerme tan complicado y decidí llevar mi plan a la práctica el mismo viernes de esa semana. Así que hice ejercicio, compré una botella de vino tinto, y el día designado me evadí de la borrachera quincenal, pretextando la visita de unos familiares que venían de otra parte de la república.

Llegué temprano a casa y me bañé parsimoniosamente. Una vez que el ocaso se consumó, saqué una maleta del cuarto de servicio y, ahora de sí de manera apresurada, extendí su contenido sobre la cama. Llevaba mucho tiempo sin poder ver con calma lo que había en su interior. A pesar de que tenía bien claro lo que iba a usar me puse a mirar la ropa, como si fuera a cambiar mi selección. Tomé la minifalda negra de likra, una blusa del mismo color y ropa interior blanca; también unas medias negras y un liguero blanco que no me convenció mucho porque resaltaba bajo la minifalda. Peiné la peluca de cabello castaño antes de ponérmela y me senté frente al tocador para maquillarme con ese tiempo que acababa de encontrar. Yo creó que ocupé más de una hora, hasta que estuve a gusto con mi apariencia. Entonces empecé a caminar encima de unas zapatillas con tacón de diez centímetros por toda la casa, descorché la botella de vino, y me serví una copa.

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Relatos | 16.02.2010 5:26 | 1 Comentario

En carnavales y vestido de mujer

Nunca pensé que tendría mi primera vez con un hombre y mucho menos vestido de mujer, pero como dice la canción sorpresas te da la vida.

Desde muy pequeño fui aficionado a la observación de la naturaleza, por ese entonces vivía en lo que era un pueblo integrado en ella, con mis primeros ahorros compré unos pequeños prismáticos, con los que pasaba las horas libres que me permitían mis primeros estudios, todo ello terminó por condicionar mi vida, primero en cuanto a lo profesional (terminé dedicado a la enseñanza como profesor de biología) y segundo en el campo del ocio, al terminar por convertirme en un auténtico mirón, prismático en mano observaba todo lo que ocurría a mi alrededor.

Hace un par de años, estando en mi apartamento y durante una de mis innumerables rondas de vigilancia de costumbre, descubrí, en el edificio de la acera de enfrente, una pareja de chicos follando, el que recibía se encontraba tendido en la mesa del recibidor con los talones apoyados en los hombros del que daba, el cual se encontraba de pie, pese a que tenían la cortina echada (era de tela semitransparente) esto no era impedimento para observar perfectamente la escena, al existir una distancia insignificante a través de los prismáticos, era como si viera una película pero sin sonido, tras un roto de mete saca terminaros los dos corriéndose, el que hacía de pasivo mediante la masturbación y el activo en el culo del anterior, pues llegó el momento en que paró el clásico bombeo de caderas y se reclinó sobre el pecho del otro.

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Relatos | 12.02.2010 5:23 | Sin Comentarios

Inicios accidentales

Siempre tuve una extraña obsesión por todo lo que fuera femenino, en especial por los zapatos y las botas, nunca me consideré gay ni heterosexual, simplemente no me veía atraído por nadie en ese momento. Tenía 21 años en ese momento y trabajaba en una empresa muy conocida, el sueldo no era extraordinario pero alcanzaba a cubrir mis necesidades.

Por mi aspecto siempre fui víctima de las burlas de mis compañeros y demás, siempre fui el mariconcito, el joto de la clase y hasta en el trabajo, por lo que no tenía muchos amigos hombres, pero sí muchas amigas mujeres. Esto precisamente me causó un problema muy fuerte en el trabajo, puesto que me hice amigo de Ana, la chica más guapa de la empresa, lo que me causó muchos problemas con mis compañeros de trabajo, pues se burlaban constantemente de mí, hasta que harto de las burlas encaré a uno de mis agresores, resultando en una terrible tunda para mí, un escándalo y mi despido de la empresa.

Los meses pasaban y debido a ese terrible antecedente no encontraba trabajo en ningún lugar, mis ahorros se agotaban y me empezaba a desesperar. Después de muchos intentos las circunstancias me llevaron a iniciar un pequeño negocio de ventas por catálogo, me dedicaba a la venta de zapatos para dama.

Como dije antes tenía muchas amigas, por lo que las ventas eran regularmente buenas, por lo menos me daba para comer y pagar el alquiler, pero una vez la mala suerte me tocó y en un accidente choqué a otro coche causando grandes daños y lastimando a los ocupantes, lo poco que tenía se fue en pagar los destrozos causados para no pisar la cárcel.

Me encontraba nuevamente en una situación desesperada, tuve que dejar el apartamento y buscar algo más acorde a mi nueva situación económica, así que establecí mi domicilio en un barrio de no muy buena reputación en la ciudad, en el que vivían prostitutas, travestis, delincuentes menores y demás. Sin un vehículo para promover mi negocio, las cosas se me dificultaron mucho, para colmo alguien tuve la genial idea de robarme, al parecer se asustó cuando una de mis vecinas llegó y no alcanzó a robar más cosas, solamente el poco efectivo que tenía ahorrado.

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Relatos | 8.02.2010 5:21 | Sin Comentarios

Mi primera experiencia de putita

Todo comenzó en los Chat. Yo no estaba seguro de mi sexualidad. Me gustaban las mujeres y había tenido alguna experiencia con alguna, pero no me sentía satisfecho. Siempre me había llamado la atención el rol femenino en el sexo, y aunque no me gustaban los hombres siempre me imaginaba como sería estar con uno de ellos en el papel de mujercita. Estos pensamientos me asaltaron desde muy joven, pero nunca me atrevía a ponerlos en práctica. Hasta que empecé a entrar en chats de travestis… Me describiré un poco. Moreno de ojos claros, delgado y hasta hace poco velludo (lo cual era un problema en este mundillo) ya que a los hombres les gustan depiladas.

Al principio no lograba contactar con nadie que me interesara. Yo buscaba alguien muy especial que comprendiera mis miedos y me ayudase en todo a dar ese paso. Pasó mucho tiempo entre charlas y charlas hasta que un día me abrió un privado un hombre maduro al que llamaré “Frank”. Para entonces yo había decidido afeitarme el cuerpo, pero el efecto duraba poco. Con Frank todo empezó bien desde el principio. Era la persona que yo había soñado siempre. Era maduro, bien dotado, con sitio, morboso y comprensivo, en fin, todo lo que podía desear…

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Relatos | 4.02.2010 5:18 | Sin Comentarios

Recuerdos no tan lejanos

No era tan joven cuando, por un problema circunstancial, debí recurrir a un masajista durante una corta estancia en Mendoza. No conociendo a nadie para solucionar un dolor en una pierna, producto de una torcedura, busqué en un diario local y encontré el aviso de este profesional, al que llame de inmediato y acordé una cita para la tarde. Al llegar al consultorio, la persona, de edad mediana y algo gordito, me recibió, y lo primero que me dijo y que me llamó la atención fue: “¡Hola, ¿qué tal?… Andá sacándote la ropita!”. Yo había tenido escarceos con otros chicos, siendo adolescente, pero no estaba pasando por un momento de necesidad a nivel sexual ni nada de eso; por mi cabeza no pasaba ningún pensamiento libidinoso.

El comenzó su tarea acostándome sobre una camilla de su consultorio y me puso una lámpara para dar calor a la zona afectada. Comenzó a poner crema para iniciar un lento masaje por todo el cuerpo, desde la cabeza y los hombros; estando acostado de espaldas, sentí como lentamente me relajaba, hasta quedarme casi dormido mientras lo hacía.

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Relatos | 29.01.2010 18:55 | Sin Comentarios

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