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Archivo de marzo de 2010
Con un amigo doctor
Relato de una historia de Karen la doctora:
Fernando es un amigo que conocí en el hospital donde trabajo y casi de mi edad 40 años aproximadamente, lo conocí a la salida del hospital donde tengo mi consultorio y en algunas ocasiones nos pusimos a platicar y al parecer teníamos gustos afines por lo que me agrado desde ese momento, el es medico en consulta externa y yo, medico cirujano por lo que solo en esas ocasiones nos habíamos encontrado. El no conocía mi preferencia sexual por lo que su interés en mi era puramente profesional. Pero a mi me fue gustando cada vez mas, era inteligente, guapo luego indagué que el era separado y que vivía solo, su esposa se separo de el y se fue a vivir a otra población desde hace 6 meses y tampoco de ninguna conquista por lo que mas me interesó, no había tenido la oportunidad de conquistarlo y no sabia como llegar a el. Pero en una ocasión tuvimos que presentar un caso juntos ante la dirección medica, el lo había atendido en consulta externa y yo en cirugía entonces lo cité en mi casa para poder armar el caso clínico y lo hicimos rápido por lo tuvimos tiempo de sobra para charlar sobre nuestras aficiones y debilidades, me platicó que se sentía solo y abandonado y porque su mujer lo había engañado con otro y que no quería buscar otra mujer porque todavía estaba enamorado de ella . Así seguimos charlando por horas y nos hicimos buenos amigos, que quedamos de vernos en un día de descanso para ir a jugar boliche.
Mi peluquero travesti me cortó en dos
Fui a que me corten el cabello y me cortaron en dos.
Había viajado a otra ciudad a radicar ahí por trabajo. Luego de un mes de estancia había llegado la hora de cortarme el cabello. Averigüé por donde podría encontrar dicho servicio y me encaminé en mi moto a la desconocida zona.
Era un área cerca del mercado, sin pista, la tierra del suelo seca y con malos olores diversos. Ví varias peluquerías juntas, pero todas de travestis, y como no quería problemas con que a alguno se le cayera el peine (te sueltan el peine en tus piernas y mientras lo buscan te tocan el paquete de lo lindo), seguí de frente hasta que vi a una señora de vestido floreado, de espaldas a mí, terminando el peinado de una señora joven y guapa. Cuando entré me crucé en la puerta estrecha aunque de doble hoja con ella y me guiñó un ojo y sonrió, al tiempo que cuando pasó me rozó con sus senos mi pecho, a lo que respondí con una sonrisa y mi falo comenzó a golpear contra mi bragueta.


