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Archivo de febrero de 2010
Mejor amigo
Acaso me fue difícil vivir solo las primeras semanas. El conjunto enorme de rutinas se fueron desvaneciendo a medida que organizaba mi nueva vida en soledad. De todas las cosas que podría hacer, vino a mi mente una intención que llevaba años almacenada, oculta a la vista por ese montón de actividades que conforman la vida diaria, añejándose como esos vinos tan finos que nunca bebes porque cada año son mejores.
De entrada vacilé y me planteé variadas dificultades e inconvenientes; pero un día mientras conducía de regreso de la oficina, el asunto dejó de parecerme tan complicado y decidí llevar mi plan a la práctica el mismo viernes de esa semana. Así que hice ejercicio, compré una botella de vino tinto, y el día designado me evadí de la borrachera quincenal, pretextando la visita de unos familiares que venían de otra parte de la república.
Llegué temprano a casa y me bañé parsimoniosamente. Una vez que el ocaso se consumó, saqué una maleta del cuarto de servicio y, ahora de sí de manera apresurada, extendí su contenido sobre la cama. Llevaba mucho tiempo sin poder ver con calma lo que había en su interior. A pesar de que tenía bien claro lo que iba a usar me puse a mirar la ropa, como si fuera a cambiar mi selección. Tomé la minifalda negra de likra, una blusa del mismo color y ropa interior blanca; también unas medias negras y un liguero blanco que no me convenció mucho porque resaltaba bajo la minifalda. Peiné la peluca de cabello castaño antes de ponérmela y me senté frente al tocador para maquillarme con ese tiempo que acababa de encontrar. Yo creó que ocupé más de una hora, hasta que estuve a gusto con mi apariencia. Entonces empecé a caminar encima de unas zapatillas con tacón de diez centímetros por toda la casa, descorché la botella de vino, y me serví una copa.
En carnavales y vestido de mujer
Nunca pensé que tendría mi primera vez con un hombre y mucho menos vestido de mujer, pero como dice la canción sorpresas te da la vida.
Desde muy pequeño fui aficionado a la observación de la naturaleza, por ese entonces vivía en lo que era un pueblo integrado en ella, con mis primeros ahorros compré unos pequeños prismáticos, con los que pasaba las horas libres que me permitían mis primeros estudios, todo ello terminó por condicionar mi vida, primero en cuanto a lo profesional (terminé dedicado a la enseñanza como profesor de biología) y segundo en el campo del ocio, al terminar por convertirme en un auténtico mirón, prismático en mano observaba todo lo que ocurría a mi alrededor.
Hace un par de años, estando en mi apartamento y durante una de mis innumerables rondas de vigilancia de costumbre, descubrí, en el edificio de la acera de enfrente, una pareja de chicos follando, el que recibía se encontraba tendido en la mesa del recibidor con los talones apoyados en los hombros del que daba, el cual se encontraba de pie, pese a que tenían la cortina echada (era de tela semitransparente) esto no era impedimento para observar perfectamente la escena, al existir una distancia insignificante a través de los prismáticos, era como si viera una película pero sin sonido, tras un roto de mete saca terminaros los dos corriéndose, el que hacía de pasivo mediante la masturbación y el activo en el culo del anterior, pues llegó el momento en que paró el clásico bombeo de caderas y se reclinó sobre el pecho del otro.


