![]() |
Archivo de septiembre de 2009
Protección a Testigos
Yo era un chico normal, trabajaba como ingeniero y tenía una gran vida hasta que de un momento a otro todo cambio para siempre.
Todo comenzó hace 2 años cuando debido a mis conocimientos en ingeniería, me contactaron unas personas pertenecientes a una red criminal internacional para que les preste mis servicios profesionales. Por alguna razón (todavía no lo entiendo) este contacto llegó a oídos de una agencia internacional de inteligencia, quienes no tardaron mucho en contactarme. Me pidieron que aproveche ese contacto para poder obtener información y tenderles una trampa a dichos ampones. Al comienzo me negué rotundamente después de todo gozaba de buenos ingresos, una vida realmente buena como para arriesgarlo todo por ayudar en esa misión.
Al poco tiempo cuando al parecer ya todo estaba olvidado me llego una carta con la siguiente propuesta:
De ruta por Europa
La empresa me había seleccionado junto a Manuel para hacer una especie de ruta por Europa en busca de nuevos clientes. Entre los dos dominábamos unos cuantos idiomas, de manera que iban a ser dos semanas de continuas reuniones con potenciales clientes en Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania. Cuando ocurrió lo que voy a contar a continuación estábamos en Ámsterdam, capital de Holanda, una ciudad de la que yo me considero enamorado desde que la conocí en mi juventud, a causa de este gusto mío había convencido a Manolo para pasar aquí el fin de semana que cortaba las dos semanas de nuestra ruta.
Yo ya lo tenía todo planeado, aquel era un viejo deseo que yo tenía y estaba decidido a hacerlo aquella noche. Era viernes y estábamos en el bar del hotel dando debida cuenta de unas merecidas copas, las cosas habían ido muy bien con los franceses y sobre todo con los alemanes y las expectativas con los holandeses e ingleses para la semana siguiente también pintaban bastante prometedoras. Pero ya se hacía tarde y mi plan tenía que dar comienzo.
-Macho, yo me retiro, me voy a la cama.- Le dije tras el último sorbo.
-¡Venga ya! Es temprano y tenemos mucho que celebrar. Además mañana no tenemos nada que hacer, los flecos que nos quedan los podemos terminar el domingo.


