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Un saludo cordial a todas las lectoras. Yo soy una travesti de closet heterosexual que empezó con sus gustos por la vestimenta como muchas de ustedes. Soy una lectora constante de los relatos de esta página y hoy por fin he decidido contar mi historia, espero que sea de su agrado.
No recuerdo muy bien el día en que me vestí por primera vez como una chica; pero, desde que empezó cada día se han ido incrementando mis deseos de convertirme en mujer.
Mi segunda oportunidad de vivir.
Desde mi infancia siempre envidié a mis primas y amigas. Siempre me atrajo el estilo de vida de las chicas, nunca me gusto jugar con carros o al futbol; por lo contrario, siempre aprovechaba cuando estaba sola para jugar con Barbies. Poco a poco fue atrayéndome la vestimenta de las chicas y me di cuenta que utilizando sus prendas podía simular ser una niña como ellas. Obviamente esto siempre se mantuvo en secreto, una familia totalmente conservadora nunca hubiese aceptado que su hijo era una mariquita.
Nancy (mi secretaria) y yo, nos encontrábamos en la ciudad del norte de mi país en donde se desarrollaba el Congreso Nacional de Telefonía y ya habíamos conocido a Miriam. Fue un momento lleno de morbosa emoción.
Miriam era parte de un grupo de bellísimas edecanes que atendía a los asistentes del Congreso y vestía una corta falda color blanco untada al cuerpo, lo que le permitía lucir de manera exquisita sus caderas por su breve cintura, pero en especial sus nalgas, cuya raja se dibujaba a la perfección en esa tela inmaculada que se metía entre sus glúteos. Una blusa blanca escotada al frente dejaba ver buena parte de sus hermosos pechos y su figura remataba con zapatillas blancas de alto tacón.
Su belleza nos dejó boquiabiertos tanto a Nancy como a mí, y les platico un detalle que no les comenté en mi relato anterior “Con mi secretaria y con su amiga”.
Miriam caminaba lentamente por los pasillos y era evidente que lo hacía para que todo mundo la viera y se notaba con claridad que buscaba quien la cortejara. Estábamos sentados en la parte de atrás y a la orilla de un pasillo de aquel gran salón donde se llevaba a cabo el congreso, y en el momento que Miriam pasaba lentamente junto a nosotros, Nancy estiró su mano y tomó por el brazo a Miriam.