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Mi primera transformación

Hola a todos, mi nombre en la intimidad es Brigitte y voy a relatarles mi primera experiencia con las delicias de la lencería femenina.

Creo que mis emociones hacia la ropa femenina empezaron de pequeño, cuando mis hermanas mayores y yo jugábamos a las muñecas y me vestía como su “hermanita”, claro sin ellas saber que eso marcaría mi vida. Cuando fui creciendo mis sentimientos hacia la ropa femenina iba aumentando, en especial hacia las medias nylon y las pantis.

Una tarde cuando regresaba de mi centro de estudio me encontré solo en casa, mis padres trabajaban y mis hermanas ya mayores estaban en sus universidades. Se me despertó una curiosidad insaciable de colocarme las medias nylon de mi mamá, así que fui a buscarlas en el cesto de ropa sucia, para no despertar sospechas, por si acaso los manchara, o los deformara… Para mi buena suerte había un panti color canela encima de toda la ropa. Lo cogí y fui de inmediato con mi trofeo a mi habitación.

Me desnudé por completo, me recosté en mi cama y comencé a frotar el panti por todo mi cuerpo, que en ese entonces era lampiño. Cerraba los ojos para sentir esa sensación de suavidad en cada parte que las medias tocaban mi cuerpo, estaba emocionado… Seguidamente, me senté en el borde de la cama, coloqué el panti en mi pie izquierdo y lo subí hasta la pantorrilla, observé como cambiaba el color de mi piel blanca al color bronceado canela del panti, además vi como se había estilizado mi pie, como el de toda una señorita.

Me coloqué el panti igualmente en el otro pie, y que hermosa vista, ya tenía ambos pies como el de una señorita. Me recosté en la cama, levanté ambas piernas y poco a poco seguí colocándome el panti en ambas piernas hasta los muslos. Ahora la vista era diferente. Nunca observé que tenía unas piernas envidiables, no muy delgadas, si largas y bien formadas. La sensación había aumentado, mi sentido del tacto había crecido y sentía como rozaban mis piernas con esa suave textura del nylon, que estremecía mi vientre.

Me levanté de la cama y terminé de subirme el panti hasta sobre mis nalgas. Wuau, ¡qué sensación!, se sentía hasta el aire rozar mis piernas. Estaba en la gloria… Me desplacé por todo mi departamento disfrutando mi descubrimiento. Se sentía todo más rico, como si hubieran hecho crecer todos las propiedades físicas de los materiales… el sofá estaba frío y la tela era un poco áspera, las paredes estaban heladas y completamente lisas, la silla suave y la cubrecama del cuarto de mis hermanas era seda…

De pronto me vi en el espejo del cuarto de mis hermanas (ellas tenían un enorme espejo casi cuerpo entero que se podía ver desde sus camas), y no lo podía creer, era una hermana más (de la cintura para abajo). Noté que el elástico de la panti en la cintura me formaba más mi cintura y me hacía ver que tenía caderas anchas y un buen derrier.

Me preguntaba que sería si podía estirar el panti lo más posible para que se vieran mis nalgas formadas y separadas por el nylon, así que me levanté, con ambas manos comencé a estirar la medias de ambas piernas, notando como se formaba un brillo adicional a ese hermoso color bronceado canela del panti, subí hasta los muslos, de ahí con una mano separé una nalga y con la otra subí el panti por entre las nalgas. Mis testículos y pene se veían enormes en el frente, así que bajé un poco el panti, los coloqué entre mis piernas y con el panti apreté hacia arriba escondiéndolos de manera sorprendente.

Llegué a subir mis pantis hasta debajo de mis pechos. Mis nalgas se notaban separadas, brillosas, grandes y formadas y en el frente se notaba un ligero color negruzco formado por mis vellos salientes, como el de toda una lady. Estaba súper.

Claro mi corazón estaba a mil y mis emociones y pensamientos descontrolados.

Mi pene apretaba mi entrepierna como queriendo salir y el panti lo aprisionaba contra mi cuerpo, haciendo que me produzca un ligero hormigueo debajo del vientre que también me gustó.

Me recosté sobre la cama de mi hermana y me miré en el espejo en todas las posiciones posibles que mi cuerpo lo permitieron, pues no soy contorsionista, pero créanme era toda una gata sensual y estaba en celo.

Frotaba mi cuerpo contra el cubrecama en seda. Me arrodillaba dando la espalda al espejo y separaba mis nalgas y se notaba un buen culo, cerradito (ya que todavía no había probado más), pero bien dispuesto… Escuché la puerta… chispas corrí a mi dormitorio, lo cerré…

Hola… Era mi mamá. Hola respondí. Recién llego y me estoy cambiando… Uff… fue la primera de muchas experiencias que se hicieron cada vez más ricas y emocionantes.

Autor: Britsean

britseanclose@hotmail.com

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