Nati tomando el sol

Luego de haber sido descubierta y violada por Anselmo, mi peón preferido, cada vez que él tenía que salir al campo yo lo acompañaba, pasaba prácticamente todo el día vestida con ropa íntima femenina, bajo mi ropa masculina y en un bolso guardaba otras prendas para así poder cambiarme apenas nos alejáramos de la estancia.

Cuando salíamos yo aprovechaba para ponerme una bikini diminuta y bien calada que me había regalado él permitiendo que mis carnosas nalgas la devorasen quedando estas totalmente al descubierto, y así me tumbaba al sol mientras él trabajaba, me excita mucho que me quede la marca de la bikini luego de haber tomado sol, hace que aún cuando estoy desnudita parezca que tengo una bombachita puesta; luego de terminar con su trabajo él venía hacia a mi, me hacía poner colita hacía arriba, separaba mis piernas, introducía el cabo de su rebenque en mi ano y se sentaba frente a mi, para así obligarme a mamarle su enorme pene, hasta tragarme toda su lechita.

Nunca supe porque, pero luego de aquella primera y única noche nunca más quiso volver a enterrar aquél mástil de carne en mi cola, a pesar de que le rogaba que lo hiciera, de que cuando en plena mamada lo encontraba desprevenido rápidamente me daba vuelta y me sentaba sobre su pene a lo que él respondía empujándome y dándome con su rebenque en mis nalgas, y de que un par de veces lo amenacé con no mamársela más ( claro que no era cierto ya que así me estaría castigando más a mi que a él porque disfrutaba darle placer más que a nada en el mundo), de todas formas el lo solucionó fácil sujetándome de la nuca y con toda su fuerza bruta obligándome a mamársela contra mi voluntad.

Luego de aproximadamente un mes de comerme aquel pedazo de carne casi diariamente Anselmo tuvo que abandonar la estancia por motivos familiares, ese día sentí una gran desilusión, definitivamente no era que estuviera enamorada de él sino que ese día creí que mi colita nunca más volvería a sentir la calidez de un pene taladrándola, debería conformarse con cualquier objeto de forma cilíndrica que a forma de desafío con migo misma iría probando cada vez más grande, pero jamás asimilable a la sensación de sentir un pene dentro mío en el momento en que se hincha y explota en un borbollón de leche tibia que llena mi interior.

Ni siquiera tendría el placer al que estaba tan acostumbrada de poder pasar mi lengüita por todo su pene, comenzando desde sus testículos hasta su glande, para luego introducirlo en mi boca y succionarlo hasta lograr extraer aquél chorro de leche tan deseado como abundante, que llegase al punto de casi hacerme atragantar.

Luego de algún tiempo de pasar sin querer hacer demasiado llego la época de comienzo de clases, este año debía comenzar la facu, me había decidido a hacer medicina, ya que entendía que especializarme en hombres y sobre todo en su aparato reproductor era la única manera de volver a tener un pene real en mis manos, porque definitivamente no estaba en mis planes contarle a mis papas y no me animaba a salir a buscar un hombre por miedo a que de alguna manera ellos se enterasen.

Es así que tuve que mudarme a la ciudad y lo hice a un apartamento en el cual vivía solita y por tanto podía dar rienda suelta a mi mayor pasión, sentirme una putita aunque solo fuera dentro de mi casa. Así fue como comencé a comprarme mi propia lencería, ya que la de mi hermana y mi madre sería muy arriesgado quitárselas por tantos días sin que lo notasen.

Comencé por comprarme unas cuantas bombachitas, de todo tipo y color, aunque las que más me gustaban eran las que al ponérmelas se perdían en la inmensidad de mi cola, permitiendo que mis dos carnosas nalgas las aprisionaran así como aprisionaron alguna vez el enorme pene de Anselmo.

Luego compré medias con ligueros, brassiers bastante grandes porque me gustaba rellenarlos como para parecer una chica con grandes dotes, jeans de mujer tan justos que de habérmelos visto puestos algún hombre seguramente no le hubiese provocado más que arrancármelos para así poder penetrarme, vestidos de lycra de esos que llegan solo a cubrir la cola, etc.

Como vivía en un último piso y por la ventana que daba hacía el fondo por la tarde entraba el sol, todas las tardes me tumbaba con mi diminuta bikini a tomar el sol, pero debía cuidarme de que nadie fuera a estar en la azotea del edificio porque de esa manera se podría ver desde el bloque de apartamentos que se encontraba enfrentado al mío.

Una tarde de mucho calor, luego de haberme depilado todo el cuerpo, menos un pequeño corazoncito que me gusta dejarme en mi pelvis, me coloqué la bikini y me dispuse a tomar sol, me sentía muy hembra, allí tumbada al sol, con mi bikini perdido entre mis nalgas, y sabiendo que aquella marca iba a quedar aún cuando estuviese desnuda y que al verme al espejo me iba a recordar que tan puta soy, cuando de pronto quedé dormida casi sin darme cuenta, cuando desperté fue por un ruido que sentí en la azotea, giré para ver que era y vi a alguien que rápidamente se ocultaba, me paré y salí corriendo hacia otra habitación para así poder vestirme; estaba aterrada, no sabía quien me habría visto y si lo difundiría por el edificio.

Fue así que al cabo de cinco a diez minutos sentí el timbre de la puerta, no me animaba a abrir, pero sentí como del otro lado me decían, se que estás ahí, abrí, vamos a hablar de lo que vi y tal vez puede quedar entre nosotros; así fue como me convenció de que le abriera, yo estaba vestida con la ropa de varón, pero debajo aún tenía la diminuta bikini, cuando abrí vi que era el conserje del edificio, un hombre de unos treinta largos, o cuarenta años tal vez.

Cuando entró se acercó hacia mi y me dijo ?te veías muy linda desde arriba tomando el sol, porque te cubriste con esa ropa tan fea?; yo intenté disimular diciéndole que no sabía de que hablaba y que si no se habría confundido de apartamento; pero el insistió diciendo mientras me agarraba fuerte de mi brazo izquierdo, ahora me confirmas que esto no querés que lo sepa nadie, pero yo se muy bien lo que vi y me gustó mucho.

Cuando terminó de decir esto me bajó el pantalón que traía puesto dejando al descubierto mi diminuta bikini y mis piernas recién depiladas, me parece que voy a tener que contarle a los vecinos las costumbres de la nueva vecinita, me dijo, a lo que yo exclamé un ¡NOOO! profundo; entonces, respondió mientras me sujetaba de los hombros y me indicaba que me fuera hincando- me vas a tener que hacer un par de favores, porque me dejaste muy caliente y yo así no puedo seguir trabajando.

Acto seguido desprendió su bragueta y dejo salir un pene no muy largo (de unos 15 a 18 cm) pero si bastante grueso (unos 6 o 7 cm de diámetro), y me dijo, me la vas a tener que mamar hasta que te falte el aire putita, si querés que mantenga la boca cerrada, me quitó la bikini, hizo que le chupará un dedo y mientras yo se la mamaba como unaputa en celo cuya única paga iba a ser el silencio, él me hurgaba en mi hoyito.

Puedo asegurarles que esta vez si me sentí ultrajada, no haciendo algo que no quería porque me encanta mamar penes, y además tenia la ilusión de volver a tener uno en mi colita, pero con Anselmo era diferente, yo lo hice porque quise, porque sabía que si el hablaba podía perder su trabajo, pero con este hombre no era así, iba a tener que ganarme su silencio con mi boquita y mi cola.

Pero para cuando había acabado de tragarme toda su lechita y él, agarrándome de una de mis nalgas, me llevó a sentarme sobre su falda, albergando su pene ya flácido entre mis dos carnosos cachetes, la excitación le había ganado el lugar al miedo, entonces el me dijo que iba a arreglar unas cosas al piso de abajo mientras reponía fuerzas y que yo fuese vistiéndome como la perra en celo que era.

Fue así que se retiró, y yo que ya me encontraba en mi punto máximo de excitación me duché rápidamente y me dispuse a vestirme para mi nuevo macho que me iba a deleitar enterrándome ese terrible nabo en mi colita, para hacerlo me coloqué frente al espejo y comencé por elegir una diminuta tanga negra que al terminar de colocarla quedó perdida en mi voluptuosa cola, acomode mi pequeñísimo pene de manera de que no se notase, elegí un brassier negro con encajes, el cual como es mi costumbre rellené con dos globos llenos de agua para que mis boobies tengan movimiento; luego me coloqué unas medias de red negras con liguero, un top rosa que no llegaba a cubrir mi ombliguito, una mini de lycra muy ajustada y cortita que apenas cubría mi cola y unos zapatos de taco que hacían que mi colita quedase mas parada que de costumbre; luego me maquillé, coloqué una peluca de melena corta y me volví a ver al espejo y no pude evitar pensar:

Que hijo de p… el que se coma esto, cuantas mujeres quisieran verse tan bien, es que era muy sexy verme así con aquella peluca que me hacía lucir como una prostituta con clase, pero mi carita aun de adolescente, maquillada y muy delicada, sumado esto a mis grandes boobies que hasta un pequeño y parado pezoncito les había hecho.

Mi cinturita que es muy pequeña, y mis prominentes caderas que se destacaban más debido a la marca de las tiritas de mi bikini que sobresalían por sobre la mini, y las piernas que con las medias de red y el efecto que les daban los tacos altos lucían muy bien torneadas, pero el elixir fue cuando voltee y vi mi hermosa espalda casi desnuda y en la culminación de esta aquellas dos redondas y exuberantes montañas de carne, que hacían casi perderse entre ellas a la muy ajustada mini queintentaba cubrirlas.

Continuaba aun contemplándome en el espejo cuando sentí que golpeaban la puerta, me dirigí a abrirla con toda la elegancia que debe tener una dama, por puta que sea; cuando abrí allí estaba mi macho con cara de: me equivoqué de puerta, le tomó varios segundos reaccionar, luego me dijo lo hermosa que me veía y lo difícil que se le hacía no tirarse encima mío en ese preciso momento y cuando lo invité a pasar fue cuando me dijo, invité a un amigo, me quería morir, intenté cerrar la puerta pero él lo impidió diciéndome, dale una oportunidad que es muy discreto, y pasaron.

Su amigo no era más que su sobrino, con cara de nene y bastante gordito, parecía menor que yo, se le notaba muy nervioso y no me podía quitar los ojos de encima, esto me tranquilizó un poco.

Apenas entraron a la casa se sentaron en un sillón, les pregunté como se llamaban, ya que al fin y al cabo no conocía el nombre de ninguno de los dos, Luis me dijo el conserje y Gerardo el sobrino. Ahí estaba yo parada frente a ellos con aquel cuerpo escultural y aquellas dos momias tumbadas en el sillón.

Fue al cabo de unos segundos que Luis se incorporó puso un poco de música muy sensual y me pidió que comenzara a bailarle para ellos.

Comencé a recorrerme el cuerpo con mis manos mientras me movía muy sensualmente, me les acercaba mucho, me ponía de espalda y me agachaba sin flexionar mis rodillas de manera que la mini se levantaba dejando mi cola frente a sus caras, mientras la movía al compás de la música y aprovechándome de la notoria inexperiencia del sobrino cuando el intentaba introducir sus manos entre mis nalgas las golpeaba diciéndole: con las manos no, pero se notaba que él no soportaba más, su pene parecía que iba a hacer estallar el jean que llevaba puesto.

Fue entonces cuando su tío se apiadó y le ordenó que se parase y me diera un profundo beso en mi boca, pobre chico no tenía idea de cómo hacerlo, pero me dio mucha ternura ver cuanta voluntad ponía; luego le dijo que comenzase a besar mi cuello y mi espalda hasta llegar a mi cola, cuando llegó a allí hizo que me quitase la mini y que besara mis nalgas para luego quitar la diminuta tanga e introducir su cara entre mis dos voluptuosos cachetes y comenzar a masajear mi muy excitado ano con aquella inexperta lengua.

En aquel momento mire hacia un espejo que se encontraba a mi derecha y casi exploto de lujuria al ver aquélla escena, en la misma imagen me veía parada con aquellas medias de red y mis zapatos de taco mientras Gerardito tenía toda su cara perdida en mis carnosas nalgas, recorriendo mi ano con su lengua y un poco más atrás se veía a su tío masturbándose con aquélla escena.

Pasados unos minutos Luis se incorporó y me ordenó que me pusiese en cuatro patas, se sentó frente a mi en el piso, dejo salir su regordete pene y llevó mi boca hacia allí para que se lo mamase mientras ordenaba a su sobrino que siguiera humedeciendo mi ano, el cual para ese momento pedía a gritos que le introdujeran un buen pedazo de carne, aunque tal vez uno no tan grueso como el de Luis.

Sin embargo, teniendo en cuenta la posición en la que estábamos me imaginaba que quien haría los honores de reinaugurar mi candente ano sería el sobrinito; poco grata fue mi sorpresa cuando Luis le pidió a su sobrino que tomara su lugar para así como le dijo: ¿le puedo romper el culo a esta putita?, y no tenía dudas de que efectivamente así iba a ser, tenía un pene extremadamente grueso y a pesar de que a mi me gusta hacer pruebas con distintos objetos nunca había probado con algo tan voluminoso, pero así y todo no opuse objeción, recordé que apenas un mes atrás había estado llorando por creer que nunca más tendría un pene taladrándome mi colita y me armé de valor para soportar lo que fuera.

Mientras Luis sacaba un pote de vaselina de su bolso yo como desesperada intentaba sacar a fuera la picha de su sobrino, es que estaba muy ansiosa por lo que estaba por ocurrir en mi retaguardia y necesitaba sentir el gustito al semen en mi boca, ya estaba colocando la vaselina sobre mi ano cuando logré quitarle a Gerardo totalmente el pantalón y su ropa interior, así pude ver que tenía un pene bastante pequeño, pero muy hermoso, y sin pensarlo dos veces lo introduje en mi boca totalmente junto con sus testículos.

Al pobre le temblaban sus piernas, no sabría decir si de nervios o de placer mientras yo no paraba con el sube y baja. Para entonces Luis, consciente del tremendo pedazo que portaba, me estaba dilatando el ano con sus dedos, llego a introducir los cinco dedos de una mano y para mi no fue mayor esfuerzo, pero lo que vendría no tenía punto de comparación.

Yo me encontraba con la cabeza casi al ras del piso, por lo que mi colita quedaba muy paradita y abierta, lo que ayudaría al ingreso de aquel tapón de carne, Luis se paró detrás de mí y comenzó a agacharse lentamente, cuando sentí que aquel monstruo se colocaba entre mis nalgas sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo, hasta en una especie de instinto de supervivencia intenté salir de aquella situación, pero Luis sujetándome de las caderas me llevó hacia él aprisionando su pene contra mi ano.

Lentamente fue logrando que entrara, yo sentía como que una sierra eléctrica ingresaba intentando partirme en dos. En un momento, inconscientemente llevada por el dolor mordí sin recordar que tenía en mi boca el pene de Gerardo, tras lo cual él lo retiró, y su tío tras advertir esto, como castigo, me enterró de un solo estacazo todo aquel inmenso pedazo de carne ardiente. Para cuando sus testículos chocaron contra mis nalgas mi grito ya había recorrido todos los pisos del edificio; cállate perra -me dijo- y que sea la última vez que maltratas a mi sobrino, porque la próxima te la meto sin vaselina, a lo que yo respondí, perdón papi.

Estuvo dándome así unos quince minutos, mientras su sobrino ya había depositado toda su lechita dentro de mi boca y se encontraba sobre el sillón mirando la escena mientras se recuperaba de la que seguramente había sido la primer mamada de su vida. Luego me ordenó que me incorporase, se acostó en el piso boca arriba, hizo que me parase sobre él, con mis pies a ambos lados de su cuerpo y me dijo que fuera agachándome lentamente hasta quedar en cuclillas sentada sobre aquel mástil, ver en el espejo como mi cola se devoraba a ese gigante y ya a esa altura lo hacía sin mayor esfuerzo, hizo que me viniera sobre su pecho.

Esto hizo que enfureciera, por lo que me paró frente al sillón, hizo que me agachase, sin flexionar las rodillas, amarró mis manos al pie del sillón, haciendo que quedase mi colita a merced de ellos dos, y comenzaron a bombearme ambos por al menos una hora, hasta el punto de que mis piernas desfallecieron y caí tumbada al piso; cuando ambos terminaron dentro de mi, poco me importó que me encontraba amarrada y en una posición incómoda, el solo hecho de sentir su semen tibio en mi interior me hizo sentir una verdadera mujer que solo vive para darle placer a sus machos.

Luis y su sobrino se pararon se vistieron y se marcharon dejándome amarrada y tumbada en el piso, con mi colita hacia arriba y sin poder cerrarse aun, luego del huésped que había recibido, diciéndome Luis: mañana a las cinco vuelvo señorita a ver si logro terminar de destaparle la cañería; esto bastó para que me sintiese orgullosa del trabajo realizado y para saber que todos los días mi macho volvería en busca de aliviar sus tensiones en mi colita.

Autor: Nati Natalia1069 (arroba) yahoo.com

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