Fantasia cumplida
Me lo metió de un solo golpe, como con rabia, y lo dejé que empezara con el mete y saca que me gustaba, poco a poco fue aumentando su velocidad y yo loquita por sentir ese manjar en mi culito
Hola, mi nombre es Andres (de hembra me llamo Andrea, tengo 27 años soy de Venezuela y vivo en San Cristóbal y me gusta vestirme de hembra)
Siempre me gusta ver como se visten las mujeres lo coqueta que son y que mis amigos me contaran como se las cogían y yo soñaba siendo una de ellas y que mis amigos me cogieran a mi vestida de mujer.
Por mi trabajo me la paso en el hospital central de San Cristóbal donde mi amigo de cuarto es pasante de medicina, él se llama Carlos y tiene su novia que se llama Estrella, una chica pequeña, blanca pelo catire con dos buenas tetas aunque con pocas nalgas.
Mi amigo Carlos siempre me cuenta como se la coge dos o tres veces a la semana, me cuenta sus posturas y como le encanta que se lo metan por detrás, esto me pone muy cachondo que siempre pienso en aparecérmele vestido de hembra para que me lo haga a mí también…
Felipe se deshizo de sus pantalones, me quitó las bragas y se me arrimó por detrás. Yo ya estaba lista, con el trasero bien parado y el ano al aire. Mamacita, me dijo, y me penetró
Como de costumbre, poco después del almuerzo, Jorge, mi jefe, me llamó a su oficina. Yo tomé mi carpeta de notas y discretamente me fui hacia allá. Luego de cerrar la puerta pasé el seguro y me dirigí sin mayor preámbulo hacia él, que ya se había desabrochado el pantalón y tenía su verga de fuera. Iba ya a agacharme para mamársela, pero él me detuvo y me dijo: “No, hoy no; móntate.” Y yo, obediente, me bajé las bragas y comencé a enterrarme su pedazo de carne por detrás. Me entró fácil, pues veinte minutos antes, sabiendo perfectamente lo que me esperaba, había ido al baño a dilatar mi hoyo con gel lubricante. Con Jorge siempre era así, la mayoría de las veces se conformaba con una mamada, pero cuando le daban ganas de cogerme le gustaba hacerlo siempre así; hasta parecía que estuviera pegado a esa silla, porque jamás se levantaba.
“Mmh, mamita, mmmh, eso, eso, aahh”, gemía, y yo hacía lo posible por no caerme. Siempre era más complicado con él, y no sólo porque fuera el jefe, sino porque yo tenía que hacer todo el trabajo, él ni se movía. Con las manos bien sujetas a los brazos de la silla, yo me ayudaba para subir y bajar las nalgas. Su verga no era muy grande, pero sí gruesa, sobre todo la cabeza, y esa era la razón (además de para ahorrar tiempo) de que todos los días, antes de dirigirme a su oficina, tuviera que dilatar mi ano, por si acaso. “Muévelas mamita, muévelas”, me susurraba entonces, y yo le meneaba entonces el culo, me restregaba contra él, apretaba el esfínter de mi orificio y él gemía y gemía. Finalmente, luego de algunos minutos, pude sentir cómo me apretaba muy fuerte los muslos y jadeaba más rápido. Estaba a punto de venirse, por lo que yo aceleré mis movimientos enterrándomela lo más profundamente posible. “Aahhh”, exclamó, en un grito ahogado.
Me la metió de una estocada, me tuvo empalado un rato largo hasta que se corrió dentro de mí, me ofreció su culo y yo hice lo propio, con nuestros culos llenos de leche hicimos un 69
Quiero contarles una aventura que tuve con una travesti argentina, su nombre es Alejandra y ejerce la prostitución en el centro de Buenos Aires.
Yo siempre fui heterosexual pero también siempre me llamaron la atención las travestis, ya había penetrado a algunas en mis años de estudiante y había también chupado sus pijas, pero nada más.
Esto pasó hace más o menos un año. Yo estaba comprando cigarrillos en un quiosco del micro centro porque me quedé en la oficina hasta muy tarde más o menos hasta las 3 de la mañana, no pensaba volver a mi casa asique dormiría ahí.