Adriana, bonita y buscona
Relato de una historia de Karen la doctora:
Fernando es un amigo que conocí en el hospital donde trabajo y casi de mi edad 40 años aproximadamente, lo conocí a la salida del hospital donde tengo mi consultorio y en algunas ocasiones nos pusimos a platicar y al parecer teníamos gustos afines por lo que me agrado desde ese momento, el es medico en consulta externa y yo, medico cirujano por lo que solo en esas ocasiones nos habíamos encontrado. El no conocía mi preferencia sexual por lo que su interés en mi era puramente profesional. Pero a mi me fue gustando cada vez mas, era inteligente, guapo luego indagué que el era separado y que vivía solo, su esposa se separo de el y se fue a vivir a otra población desde hace 6 meses y tampoco de ninguna conquista por lo que mas me interesó, no había tenido la oportunidad de conquistarlo y no sabia como llegar a el. Pero en una ocasión tuvimos que presentar un caso juntos ante la dirección medica, el lo había atendido en consulta externa y yo en cirugía entonces lo cité en mi casa para poder armar el caso clínico y lo hicimos rápido por lo tuvimos tiempo de sobra para charlar sobre nuestras aficiones y debilidades, me platicó que se sentía solo y abandonado y porque su mujer lo había engañado con otro y que no quería buscar otra mujer porque todavía estaba enamorado de ella . Así seguimos charlando por horas y nos hicimos buenos amigos, que quedamos de vernos en un día de descanso para ir a jugar boliche.
Fui a que me corten el cabello y me cortaron en dos.
Había viajado a otra ciudad a radicar ahí por trabajo. Luego de un mes de estancia había llegado la hora de cortarme el cabello. Averigüé por donde podría encontrar dicho servicio y me encaminé en mi moto a la desconocida zona.
Era un área cerca del mercado, sin pista, la tierra del suelo seca y con malos olores diversos. Ví varias peluquerías juntas, pero todas de travestis, y como no quería problemas con que a alguno se le cayera el peine (te sueltan el peine en tus piernas y mientras lo buscan te tocan el paquete de lo lindo), seguí de frente hasta que vi a una señora de vestido floreado, de espaldas a mí, terminando el peinado de una señora joven y guapa. Cuando entré me crucé en la puerta estrecha aunque de doble hoja con ella y me guiñó un ojo y sonrió, al tiempo que cuando pasó me rozó con sus senos mi pecho, a lo que respondí con una sonrisa y mi falo comenzó a golpear contra mi bragueta.
Mi nombre es Reyes S. F., sin verme no sabrían si soy hombre o mujer, es natural pues tengo uno de esos nombres raros que tanto valen para mujeres como para hombres. Y naturalmente tengo muchas anécdotas de esta ambigüedad.
Pero aunque me vieran, tampoco podrían saberlo, pues aunque nací y me conservo varón, desde hace mucho tiempo me gusta vestirme de mujer y además poseo un físico tan ambiguo como mi nombre.
Todo empezó en el edificio donde viví con mis padres, ellos se llevaban muy bien con los padres de mi amiga Marga, con la que iba al colegio desde siempre, y con la que pasaba mucho tiempo jugando. Un día, tendría 9 ó 10 añitos, estábamos jugando en su cuarto y me propuso vestirme con su ropa, yo acepté y allí que me puso un vestidito y unos zapatos suyos, me peinó y. al mirarnos en el espejo, éramos dos niñas encantadoras.
Ni cortas ni perezosas, nos fuimos a la calle a jugar, y estuvimos largo rato en el parque con los columpios y jugando como dos niñas. Al volver me esperaba mi madre para recogerme y ella y la madre de Marga se rieron mucho de la chiquillada, aunque luego en casa me echo una pequeña bronca, a raíz de la cual, tomé precauciones para que no me viera pero seguí vistiéndome en casa de Marga, y saliendo a escondidas.